‘Las redes sociales son una trampa’

El sociólogo Zygmunt Bauman, de origen polaco, denunció con lucidez el individualismo y la desigualdad. Él representa una de las voces más críticas de la modernidad, en la que el Estado-nación, la democracia, la familia, el empleo, el compromiso con la comunidad… son pasajeros, ‘válidos hasta nuevo aviso’.

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Zygmunt Bauman es una autoridad intelectual reconocida en el mundo. Vivió los horrores de la guerra, la persecución, las purgas y el exilio, y jamás fue un conformista. Retrató con agudeza el sistema capitalista, y luchó contra la superficialidad del debate público, caracterizado por el desconcierto de los ciudadanos ante un mundo que se ‘licúa’, que se diluye ante la avalancha de la burbuja liberal, y la aparición de nuevos escenarios y protagonistas centrados en la protesta antes que en la propuesta.

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Respetado por los movimientos de los indignados, en los albores del siglo XXI, Bauman desconfiaba del ‘activismo de sofá’, que deseaba cambiar el mundo a través de un clic. Antes había logrado autoridad reconocida con el libro ‘Modernidad líquida’ (2000).

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En su opinión, un tema que debe preocupar a la humanidad es el rechazo al otro y el miedo al diferente. Y recordó en más de una ocasión que ‘las redes sociales son una trampa’. Acuñó la expresión ‘precariado’, en oposición al ‘proletariado’ –que según Bauman ya no existe-. El ‘precariado’ sería una clase social muy radical, la única que quiere ser lo suficientemente fuerte para abolirse a sí misma. Se ha acuñado el término ‘precariado’ para referirse a lo que se considera una nueva clase social global en gestación, que se extiende a consecuencia de la creciente globalización económica y que ha tenido lugar en todo el mundo desde mediados de los años setenta.

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Hay que advertir, en este contexto, la creciente complejidad de los procesos que vivimos. La influencia de las tecnologías de información y los sistemas de comunicación son tan impactantes y sutiles, que han ‘disuelto’ los marcos de referencia otrora inamovibles –como la democracia y la estructura estatal-, cuyo resultado no es otro que la incertidumbre, de la mano de las redes sociales que han enredado y licuado todo.

Fundación FIDAL
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